domingo, 11 de enero de 2009

De Cangas de Onís a Arenas de Cabrales, y comiendo en el restaurante Los Arcos.

Con el temporal que había estos días por Asturias no era ocasión de hacer turismo. Pues eso. Consejos doy que para mi no tengo. Si hay algo que me gusta es la nieve y su capacidad para transforma el paisaje, de hacerlo más bello, más limpio, cubre todo de ese blanco de película. Si cualquier lugar se hace mágico con la llegada de la nieve, que os diré de Cangas de Onís y Arenas de Cabrales, santo y seña de la belleza asturiana. Esa fue la pequeña aventura que hicimos hoy.








Nos faltó visitar otros lugares que me encantan de la zona pero la carretera estaba para no desviarse ni un metro, es más, estaba para no haber salido de casa. En muchos tramos había hielo en la calzada, y ese es el mayor de los problemas, con prudencia, conducción lenta, y atención, no deberíamos de encontrar grandes sustos. Pues lo dicho. Nuestra primera parada fue en Cangas de Onís para equiparnos y de paso comer, ¡qué ya eran horas!, el termómetro marcaba 5ºC al sol, para mi que estaba trucado, porque hacía un frío que manda madre, seguramente eran esos grados, pero en negativo. Después de pedir consejo sobre donde comer a un par de amigos, terminamos en el Restaurante Los Arcos, un clásico de la zona y con garantías, teníamos otras recomendaciones de unos amigos pero, mala suerte, cerrados por descanso/vacaciones.

LOS ARCOS









La verdad es que comimos muy agusto, con un servicio muy atento y al calorcito, que la verdad es que se agradecía. Por cortesía de la casa, nos sacaron unas bolitas de maíz rellenas de picadillo y de morcilla, acompañadas de una ligera compota de manzana, para seguir compartiendo unas croquetas de jamón (riquísimas) con una bechamel muy ligerita, que aunque lo imaginábamos ,el encargado o dueño (no lo se), se encargo de comentarnos que lo que más les costaba era trabajar la bechamel para dar forma a las croquetas. Seguimos con una chorizo de palu a la sidra, y como plato fuerte lomo bajo de vaca a la plancha, acompañado de unas patatas fritas con crujientes de cebolla, y un bol de lechuga y cebolla, por petición nuestra, una salsa Cabrales potente de sabor, con más queso que nata, no como en otros sitios. De postre y para compartir, que ya íbamos surtidos, una torrija al horno sobre crema inglesa y acompañada de helado de yogurt, muy bueno también. Otras opciones en la zona son: Restaurante El Molín de la Pedrera , Sidrería El Acebeu , Arrocería Al Grano.
































Después de reponer fuerzas, y ya metidos en esos berenjenales, decimos tirar hacía Arenas de Cabrales para aprovechar las ultimas horas de luz. Como colofón a nuestra "arriesgada excursión", llegamos a un bar tienda en el pueblo que ya conocíamos (la verdad es que venden de todo) y compramos una cuña de queso Cabrales poco curado. Así que compra de rigor y vuelta a casa, que estaba anocheciendo, al día siguiente había que currar y no era plan de quedarnos tirados en la nieve.



Muchos kilómetros, nieve, hielo, frío, "todo por un queso". Hay compras, que a uno le saben mejor si las compra en su lugar de origen, en escapadas especiales como esta. Este queso lo voy a saborear al máximo

Hacía bastante tiempo que no volvía a Cangas de Onís y Cabrales, y en esta ocasión, casi sin turistas, me ha llenado como nunca. Y es que lo de la "marabunta" no va conmigo. Pasear por las calles, o parar para sacar una fotografía sin 100 personas alrededor es un lujo que pocas veces nos vamos a encontrar en los Picos de Europa.

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